Nadia Ferrari
10/01/2022

Las mujeres lo empiezan a decir: "Vengo porque estoy embarazada y quiero abortar"

A un año de la sanción de la ley de interrupción legal del embarazo, en Rosario el 70% de las situaciones se atienden a través de los centros de salud de la red pública municipal

Por Eugenia Langone, para La Capital 

En la grilla de atenciones de algún centro de salud, de vez en cuando, aparece "embarazo no deseado". O algunas de las más jóvenes ingresa a la consulta médica y lo dice: "Vengo porque estoy embarazada y no lo quiero tener". Cierto que no son todas las que pueden expresar la decisión sin subterfugios, pero empieza a suceder. La posibilidad de enunciarlo está desde hace un año, cuando se aprobó ley de interrupción voluntaria del embarazo (IVE) y se les permitió no tener que esgrimir causales hasta la semana 14 de gestación y simplemente definir que no querían seguir avanzando.

Con ese marco legal garantizado desde hace 12 meses, ahora la salud pública de Rosario trabaja en el acompañamiento de cada uno de esas historias, como antes lo hizo para garantizar las interrupciones legales de embarazo (ILE), y le da a las mujeres la posibilidad de decidir cómo abortar. Incluso más de una vez la red de salud recibe a mujeres que por las desigualdades que persisten no tienen respuestas en otras localidades de la provincia o incluso en otras jurisdicciones y buscan en Rosario quien garantice su derecho.

"Rosario es pionera", dice una médica con varias décadas en el territorio, un camino que le permite recordar que cuando el Estado aún no compraba ni entregaba anticonceptivos gratuitos hubo quienes decidieron hacer efectivas esas compras y registrarlas como "reguladores menstruales" hasta que la ley de derechos sexuales y reproductivos garantizó la anticoncepción.

De ese entonces y hasta este ahora que garantiza el aborto legal, seguro y gratuito hubo un camino largo y a un año de la aprobación de la histórica ley, también a nivel local es tiempo de un primer balance y las primeras cifras que son el punto de partida de las futuras evaluaciones de su aplicación.

A nivel nacional, más de 32 mil IVE se realizaron en todo el país en condiciones seguras y un 30% más de hospitales y centros de salud que comenzaron garantizar la práctica son algunos de los números oficiales. En Rosario, a lo largo de este año se garantizaron 1.300 abortos medicamentosos y 468 mujeres lo hicieron a través de Aspiración Manual Endouterina (AMEU); un número apenas por arriba de las 1.296 ILE realizadas en 2020.

Silvina García, subscretaria de Centros de Salud, puntualizó que la ley comenzó a regir en "las condiciones extraordinarias de la pandemia de Covid-19", un dato no menor si se tiene en cuenta que el 70% de las IVE/ILE se realizaron en forma ambulatoria y a través de los centros de salud y apenas un 30% se resuelven en efectores de segundo nivel.

"Aún en plenos pico de pandemia estos derechos siguieron siendo para los equipos de salud una prioridad y continuaron atendiéndose", destacó García.

La puerta de entrada

Las consejerías específicas en los hospitales Roque Sáenz Peña y Alberdi siguen funcionando y son parte de los canales a través de los cuales las mujeres buscan asesoramiento o acceden a la interrupción de sus embarazos. Sin embargo, siguen siendo los centros de salud los espacios más cercanos donde van en busca de ayuda y donde a veces escucha un médico o médica, pero también enfermeros, trabajadores sociales, un psicólogo o incluso un administrativo.

Carina Martínez está a la cabeza de la Mesa de Trabajo del Área de la Mujer, Diversidad y Género de la Secretaría de Salud y aunque aclara que los abortos "no se piden y se dispensan así como así", también dejasubraya que "todas las mujeres son escuchadas, alojadas y acompañadas en ese proceso". Y en ese acompañar es donde hace hincapié: en la consulta, en la decisión y la intervención, y posteriormente.

Que las mujeres puedan enunciar su decisión de abortar sin tener que justificar ese deseo ni enmarcarlo en las causales establecidas en el Código Penal marcó una diferencia fuerte en estos meses.

E incluso señalan los equipos que son las más jóvenes -"las que tienen más claro que se trata de un derecho que adquirieron a partir de la aprobación de la ley"- las que mayormente plantean en la consulta su decisión en forma más directa.

Elegir cómo abortar

Con la sospecha de que con o sin pandemia hay un número histórico que es constante y se sostiene en el tiempo, mayoritariamente apuntan a que lo que cambió fue el modo de pedir la realización de un aborto.

Ya no solo por no tener que justificar el pedido, sino además de no tener que "enmascarar" una decisión y de tener que salir a buscar a partir del boca a boca centros de atención y espacios amigables donde no hubiera maltratos y violencias.

Además de garantizar los plazos establecidos por la ley -lo que requiere laboratorios y ecografías en no más de 48 horas- y contar con tres equipos de Ameu en la ciudad -uno en Cemar y otros dos en los hospitales Alberdi y Roque Sáenz Peña-, las funcionarias de la Secretaría de Salud dejan en claro que se trata de que "las mujeres puedan decidir cómo abortar".

Que puedan hacerlo en sus casas si tienen quién las acompañe, tender redes con las organizaciones del territorio si lo requieren, que puedan recurrir a una intervención ambulatoria como la Ameu en caso de estar solas y no poder hacerlo en su vivienda.

En esos casos Martínez refiere que se buscan espacios acondicionados, equipos sensibilizados, garantizar respeto y un circuito más íntimo dentro de los efectores, tanto donde esperan como donde son alojadas tras la práctica. Todo eso, garantizando además, tratamientos del dolor que se llevan adelante con analgesia y con sedación en los casos que es necesario.

Maltrato: el miedo que persiste

Así y todo, más allá de las dudas y la consultas sobre los procedimientos, culturalmente persisten miedos y culpas que requieren aún un camino algo más largo que la aprobación de la ley para garantizar un derecho.

El juicio moral y la mirada del otro ante una mujer que decide abortar sigue siendo un peso que incluso algunas de esas mujeres plantean en las consultas.

Lo mismo sucede con el miedo al maltrato. "¿Y qué hago si me descompongo y voy a la guardia? ¿Me van a maltratar, no me van a decir nada, no me van a denunciar?", son algunas de las preguntas que las mujeres enuncian en los centros de salud ante sus médicos y equipos de confianza.

"Ese es un temor que persiste, aunque vos le digas una y otra vez que es legal", señalan las médicas del territorio y agregan: "Hay cuestiones religiosas y culpas culturalmente instaladas que no cambia solo la ley y que se deben seguir trabajando".

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