Nadia Ferrari
2018/08/21 · 15:44

Historias de médicos que les salvan la vida a las mujeres tras un aborto clandestino

En el Hospital Álvarez de Capital tuvieron que atender en un año 380 casos de abortos. Dicen que no denuncian judicialmente a las mujeres. Y hay médicas que, por el estrés del trabajo, sufren pesadillas. 

Por Mariano Gavira para Clarín

Desde la planta baja se escucha el llanto de los bebés que junto a sus madres esperan ser atendidos en el edificio de la División Obstetricia del Hospital Álvarez. Salas llenas, pasillos que denotan un ir y venir constante y escaleras que sirven como asientos es la postal que muestra este centro médico que puede tener realidades bien distintas en una misma cama: la de una mujer que muere en soledad luego de haberse practicado un aborto clandestino y que sus últimas palabras son “por favor no me denuncien” y la de otra que acaba de parir feliz, rodeada de sus afectos.

Esa es la realidad que se vive en el hospital porteño ubicado en la calle Aranguren al 2700, bien cerquita de ese centro neurálgico de compra de ropa al por mayor que es la calle Avellaneda, en el barrio de Flores. Allí el 20 por ciento de las pacientes llegan al área Obstetricia con abortos incompletos, aunque ese porcentaje hay que dividirlo entre espontáneos y provocados. Clarín estuvo también en otros hospitales de Mendoza y Santa Fe.

Analía Messina es la Jefa del sector de Maternidad del Álvarez desde el 2005, con un pañuelo verde atado al cuello la médica recibe a Clarín en su despacho donde cuenta cómo es el día a día de su trabajo. Relata que ahí se atienden a todas las mujeres por igual, que no se le hacen preguntas y que sólo conocen lo que pasa en sus vidas si ellas desean contarlo: “Acá no denunciamos a nadie”, afirma.

Conoce más que nadie lo que atraviesa una mujer que decide interrumpir su embarazo en un sitio en pésimas condiciones, como la casa de algún vecino o un galpón sucio y olvidado. Otras acudiendo a recetas caseras más propias del siglo XIX que de la actualidad, sometiéndose a sondas, agujas de tejer, perchas o con un tallo de perejil, como la historia que se conoció hace unos días de la mujer de 34 años que murió infectada en la Provincia de Buenos Aires.

"Es claramente un tema de equidad en el acceso a la salud: si una mujer tiene medios, va a una clínica privada, aborta en condiciones de seguridad, y nadie opina ni se mete. Si es pobre y tiene que ir al hospital, la Justicia y la sociedad le caen encima", asegura Messina. “Lo que mata es la clandestinidad y la angustia de no poder elegir”, afirma todavía triste tras el rechazo en Senadores a la ley por la legalización del aborto .

“Las mujeres que vienen con un aborto en curso llegan con mucha angustia y un gran temor a ser denunciadas. Saben que corren un riesgo y deben soportar a veces actitudes feas por parte de los médicos y enfermeras. Algunos profesionales en estos casos son más hostiles de lo habitual", revela ante la consulta de por qué muchas de ellas mueren.

Habla del estigma social que existe y del miedo al qué dirán, como motivos para el silencio o la atención tardía que reciben. Cuenta que al hospital llegan en general mujeres jóvenes de barrios humildes, algunas que trabajan en talleres clandestinos a las cuales ni siquiera les dan tiempo para ir a ver a un médico: “La mayoría se encuentra en situaciones de vulnerabilidad o viven en contextos de violencia. Son mujeres jóvenes sin red de apoyo”. Para combatir eso Messina enfatiza la necesidad de brindar información veraz, oportuna y completa: “La clave es la educación”.

Hay que subir tres pisos hasta llegar a la oficia de Messina. En el medio hay que esquivar a decenas de madres "panzonas" que aguardan su turno. Hay que pasar por la sala de post parto, con madres recientes y sus pequeñas vidas en sus brazos. Pero también se debe recorrer el pasillo donde en una habitación descansa una joven que, producto de una violación, acaba de recibir la Interrupción Legal de Embarazo (ILE). Todo eso convive en un mismo piso.

Desde el 1° de octubre del 2016 hasta el 31 de diciembre del 2017 en el Álvarez hubo 1.500 nacimientos y 386 abortos. No sólo la Jefa de Maternidad conoce esta realidad, sino también todo el equipo de especialistas que trabajan en conjunto. Por ejemplo Eugenia Arroche, médica de planta, todavía recuerda con lujo de detalles las pesadillas que tenía cuando ingresó al hospital: “Soñaba con un galpón con luces rojas, lleno de mujeres ensangrentadas pidiéndome por favor ayuda. Durante años me despertaba por las noches con esas imágenes”.

Para ellas cada jornada es como ocurre en la película 'El día de la Marmota', en la que el protagonista se despierta todos los días en el mismo día: “Cuando creíamos que una ley podía ayudar a cambiar la realidad, nos damos cuenta de que eso no podrá pasar y mientras tanto las mujeres se mueren. Algunas como el caso de una paciente que sus últimas palabras fueron 'por favor no me denuncies'. Otras que fallecen habiendo sido denunciadas y con custodia policial al lado de su cama. Víctimas del sistema”, cerró Arroche.

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2018/08/24 · 00:24 Informar un uso indebido
De terror el artículo. No puede ser más tendencioso e incoherente con su propio relato. Que pérdida de sentido periodístico. Una lástima.
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