Nadia Ferrari
2018/01/04 · 15:22

Mujeres brasileñas rompen el tabú para hablar sobre el aborto

El doctor estaba retrasado. Así que las mujeres se sentaron tranquilas en la sala de espera de una clínica en un barrio de primer nivel de Río de Janeiro hasta que fueron vencidas por los pensamientos de lo que estaban por hacer y lo que les podría pasar. Empezaron a hablar.

Una mujer dijo que ella estaba en una relación con un narcotraficante y que sabía que él la forzaría a tener al bebé si se enteraba que estaba embarazada. Otra, una empresaria exitosa que se había separado del padre de sus hijos quedo embarazada de otro hombre. Una tercera mujer solamente lloraba.

La cuarta, Roberta Cardoso, había quedado embarazada de su novio accidentalmente y sentía que no era lo suficientemente madura para ser madre.

“En ese momento yo probablemente sabía mucho más de las historias de estas mujeres que sus propias familias”, dijo Cardoso de 26 años durante una entrevista reciente con The Associated Press.

Como en muchos países, el aborto es un tema tabú en Brasil, una nación de sociedad conservadora con la más grande población católica romana, así como una expansiva comunidad evangélica cristiana. El aborto es ilegal con las excepciones de si la vida de la mujer está en riesgo, si fue violada o cuando el feto tiene anencefalia. Pero en medio de una marea creciente de conservadurismo en Brasil y de miedos de que el aborto se pueda restringir aún más, las mujeres están saliendo de las sombras para contar sus historias con la esperanza de ayudar a la expansión del acceso al aborto.

“Dejamos de pensar en esto como un tema privado. Es un tema público”, dijo Rosangela Talib, coordinadora de Católicas por el derecho a decidir, un grupo militante brasileño por los derechos reproductivos.

Un estimado de entre 400.000 a 800.000 mujeres se realizan abortos cada año en Brasil, la gran mayoría de ellos son ilegales. Según estadísticas del Ministerio de Salud, más de 200 mujeres murieron en 2015 por abortos clandestinos. Si es atrapada, una mujer puede ser sentenciada hasta tres años de prisión y quien realiza el procedimiento, hasta cuatro, aunque estos procesamientos son raros.

Más de 170 mujeres, incluyendo actrices prominentes, directoras y mujeres de la academia, firmaron un manifiesto declarando publicamente que habían abortado. Cientos de mujeres también salieron a las calles para protestar los avances para restringir aún más el acceso al aborto y más de 34.000 personas firmaron peticiones enviadas al Congreso.

Cuando el instituto Anis-Bioethics, una ONG que lleva adelante investigaciones concernientes a la mujer, puso un mensaje en Facebook pidiendo a las mujeres que cuenten sus historias, 110 lo hicieron en sólo 19 días.

Una de ellas era Rebeca Mendes, quien estaba buscando realizarse un aborto.

La ONG llenó un pedido de urgencia para la Corte Suprema para terminar el embarazo de Mendes, consiguiendo una gran atención nacional y poniendo su nombre y cara en el pedido de legalización del aborto. La petición fue denegada y Mendes eventualmente realizó su procedimiento legalmente en Colombia.

La ola de testimonies públicos amplifica un debate en el país más grande de Latinoamérica, donde los sectores más conservadores temen que la Corte Suprema podría dictaminarse a favor de legalizar el procedimiento y los grupos de mujeres temen que el Congreso de marcha atrás al ya de por sí restrictivo derecho al aborto.

En Noviembre de 2016, la Corte Suprema de Justicia declaró que criminalizar el aborto en el primer trimestre violaba los derechos fundamentales de las mujeres, una decisión que generó un habeas corpus garantizando la liberación de dos personas acusadas de dirigir una clínica de abortos.

Horas después de la decisión, el Congreso creó una comisión especial para clarificar la ley. Se propuso arreglar la Constitución brasileña para que especifique la protección de la vida desde la concepción. El congresista Sostenes Cavalcante dijo que dicho cambio sería apoyado “por aquellos quienes creen en la vida” y rechazado por “aquellos que quieren matar al indefenso”.

Cavalcante describió la medida como una prohibición total del aborto, aunque el congresista que la escribió sostuvo desde entonces que no cambiaría la ley actual y sólo detendría cualquier otro intento de legalizar el aborto.  

Jefferson Drezett, quien dirige el departamento de respuesta al aborto y violencia sexual del Hospital estatal Perola Byington en San Pablo, dijo que los servicios de aborto son insuficiente para las mujeres que buscan el procedimiento legalmente, por razones que van desde mal manejo hasta la presión de políticos y grupos religiosos.

“Pasaron casi 80 años desde que la ley (que incluye las excepciones) existe, y todavía no pudimos hacer validarla en los hospitales públcos de Brasil”, aclaró.

El apoyo al aborto legal estuvo en aumento, aunque aparentemente la mayoría de los brasileños todavía se opone.

Una encuesta de Datafolha dada a conocer el 31 de diciembre demostró que el 36% de los brasileños entrevistados estaban a favor de la descriminalización de aborto, comparado con un 23% en el 2016. Pero el 57% todavía está en contra del aborto. Para la encuesta se entrevistó a más de 2.700 personas de 192 municipios de Brasil y tenía un margen de error del 2%.

Entre ellos que quieren menos restricciones está Raissa Arruda, una artista de 30 años que le dijo a AP: “Perdí toda vergüenza de hablar. Creo que necesitamos hablar para poder descriminizarlo”.

Arruda tenía 18 cuando descubrió que estaba embarazada y su madre no le habló por semanas cuando ella le contó. Arruda eventualmente tuvo un aborto espontáneo después de varias semanas sintiéndose juzgada.

Cuando quedó embarazada un mes más tarde, no le contó a casi nadie. Ella no podía aguantar la vergüenza.

Le pidió prestado dinero a un amigo para comprar misoprostol, una droga que puede ser utilizada para abortos. Desde la década del 90, el misoprostol, que se usa tanto como para tratar úlceras como para inducir al trabajo de parto, se encuentra de forma legal solamente en las farmacias de los hospitales en Brasil. Sin embargo, Arruda aseguró que todos saben donde conseguirlo en Florianopolis, la ciudad donde ella creció.

Djacelina dos Prazeres Chrispim  también decidió contar su historia en una entrevista con AP.

Hace 15 años, Chrispim fue a un hospital privado en San Pablo para realizarse un aborto. Como mujer negra que tuvo una infancia turbulenta, ella dijo que no quería tener un bebé en un mundo donde temía pudiera sufrir racismo y exclusión. Aunque ella compartió su experiencia con amigos y grupos de mujeres a lo largo de los años, Chrispim nunca había hablado del tema públicamente hasta ahora.

“Una mujer solo se hace un aborto porque lo necesita”, dijo la activista de 42 años. “Cuando la gente habla, lo desmitifica”.

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Historia escrita en conjunto para Associated Press por Renata Brito desde Rio de Janeiro y Sarah DiLorenzo desde San Pablo.

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Renata Brito on Twitter: twitter.com/RenataBrito91

Sarah DiLorenzo on Twitter: twitter.com/sdilorenzo

 

 

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