29/07/2019

La traición de la confianza y autoridad médica

Recientemente se supo que un médico acusado de violar el secreto profesional dará una conferencia en la Universidad Nacional de Tucumán, así como en hospitales públicos y colegios privados.

Nota de opinión de Agustina Ramón Michel y Mariana Romero* para Clarín 

La violación del secreto consistió en la publicación en las redes sociales de fotos de la historia clínica de Lucía, una niña de 11 años que fue asistida en esa provincia por un embarazo producto de violencia sexual y que había requerido un aborto legal.

El médico debe respetar el derecho del paciente a la confidencialidad: con esta o formulaciones similares los códigos de ética internacionales, locales, leyes del paciente, fallos judiciales establecen que la confidencialidad es una de las obligaciones esenciales en la práctica sanitaria. Se trata de una obligación jurídica y ante todo un deber ético. El deber de confidencialidad preserva lo que ocurrió en el contexto de una consulta, tanto de los intercambios como de los registros escritos, garantizando que la información compartida será resguardada. Es fundamental pues si no estuviera protegida sería muy difícil que los pacientes dieran información personal, lo que afectaría negativamente su atención. También porque la creación de un entorno de confianza alienta al paciente a buscar atención y a ser lo más honesto posible. Esto es especialmente importante en asuntos de salud estigmatizados tales como la sexualidad, el aborto o la salud mental.

Es difícil pensar información más sensible que la relativa a la atención a una niña abusada, y esencial apreciar cuánto necesitaba confiar en sus médicos. ¿Qué pudo haber movido a los profesionales que filtraron la información a comportarse de este modo y luego ufanarse de ello en una serie de eventos? Pareciera que sus opiniones a favor de mantener las restricciones legales del aborto o en contra de un proyecto de ley hacen que no reparen en deberes y límites constitutivos de la profesión médica.

¿Qué significan estas charlas de un médico que viola la confidencialidad? ¿Se trata de presumir de su atropello? ¿Están él, quienes organizan y apoyan la actividad expresando que el secreto profesional no tiene valía? ¿Acaso se trata de una demostración de impunidad?

Podría pensarse que esto se debe a la disputa alrededor del aborto, que acelera las partículas y suspende el juicio moral de algunas personas y justifica un ethos en el que se puede hacer cualquier cosa en pos de un objetivo más amplio que lo reclama.

Lo que seguro parece catalizarse y asomarse por medio de la discusión del aborto son abusos y malas prácticas en el sector de la salud, más bien de algunos profesionales.

En estos años de trabajo hemos notado como aquellos hospitales y médicos que maltratan a una mujer que pide un aborto legal son usualmente los mismos que la maltratarán durante el parto, o que la tratarán con desdén durante otro padecimiento, o que no la mirarán a los ojos durante la consulta. Es que hay profesionales de la salud que aún se mueven bajo un modelo en el que lo central es su autoridad, y están dispuestos a hacer lo inimaginable para mantenerla y para recordársela sobre todo a determinadas pacientes.

No hace falta estar en contra la autoridad médica; esta autoridad puede ganarse por el conocimiento y cuidado brindado. O puede pretenderse innata, debida al solo hecho de ser un médico. No en pocas ocasiones este entendimiento arrogante de la autoridad se ha traducido en abusos, maltratos, comportamientos desdeñosos e incluso dañinos, como esos profesionales que creen que tienen la potestad de fotografiar a pacientes moribundos y compartir las imágenes jocosamente con sus amigos en WhatsApp.

El Estado de Tucumán viene demorando el cumplimiento de lo ordenado por la Corte Suprema de la provincia en el caso Belén acerca de las capacitaciones sobre confidencialidad. Pero no se trata solamente de tareas gubernamentales. Las facultades de ciencias de la salud, de medicina, los colegios médicos, las asociaciones profesionales de enfermería, psicología, también deben contribuir.

Este episodio muestra una vez más la necesidad de renovar la adhesión al secreto profesional, no sólo por las mujeres que requerirán una interrupción del embarazo, sino por cada uno de nosotros quienes hoy, en unos días o en algún futuro, necesitaremos de atención médica y de confianza y cuidados profesionales. Hablar de la confidencialidad hace parte de una educación y reflexión ética acerca de qué tipo de profesionales quieren ser, cómo quieren honrar la confianza dada por sus pacientes, qué tipo de relaciones quieren entablar con ellos, cómo quieren ganarse el respeto, y qué aporte al sistema de salud y a la comunidad quieren hacer.

*Agustina Ramón Michel es abogada y profesora de la Universidad de Palermo y Mariana Romero (médica e investigadora CONICET-CEDES). Ambas son integrantes fundadoras de REDAAS.

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